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Voto particular de la Universidad de Zaragoza a la regulación del Gállego en la Comisión del Agua

EXPLICACIÓN DEL VOTO PARTICULAR DE ABSTENCIÓN AL PUNTO 5 DEL ORDEN DEL DÍA DEL PLENO DE LA COMISIÓN DEL AGUA EN RELACIÓN CON EL DOCUMENTO DE CONCLUSIONES SOBRE LA REGULACION DEL RÍO GÁLLEGO

 

 

QUE HACEN LOS ABAJO FIRMANTES EN CALIDAD DE REPRESENTANTES DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA EN DICHA COMISIÓN

 

 

Nuestro voto ante la propuesta sometida a consulta no podía ser negativo, pues podría ser interpretado como una oposición a que la documentación generada a lo largo del proceso que ha analizado el problema de la regulación del Gállego fuera remitida a la autoridad competente del Ministerio de Medio Ambiente en Madrid, para que allí, desde la distancia y tal vez con una mayor objetividad, se haga la valoración definitiva del problema y de las diferentes posturas propuestas desde esta Comisión, que incluyen también el NO a ninguna obra de regulación.

 

Nuestro voto no podía ser tampoco afirmativo, dado que no estamos de acuerdo con el planteamiento general del problema ni con las alternativas planteadas que no sean el NO, pues podría ser entendida como un apoyo a los planteamientos supuestamente mayoritarios. Por eso hemos optado por la abstención, acompaña de una explicación de voto particular, desde el acuerdo previo de que nuestra explicación de voto deberá ser adjuntada a la documentación a remitir a Madrid.

 

Dicho esto, no queremos dejar de reconocer lo mucho que se ha avanzado en el camino que ha de llevarnos en su día a la solución feliz del problema, y de felicitarnos por haber llegado a donde hemos llegado; es decir, a una posibilidad de escucharnos sin crispaciones, a que cada uno pueda explicar libremente las razones hidrológicas, económicas, medioambientales, culturales, éticas y humanas de este conflicto, que reconoce que el tema no está aún maduro, que exige más tiempo de reflexión y, sin duda, una obligada explicación generosa a la sociedad aragonesa, tanto de la naturaleza del problema como de las consecuencias económicas, medioambientales, culturales, patrimoniales y humanas derivadas de alguna de las alternativas propuestas.

 

El hecho de que el tema haya sido cerrado en el seno de la Comisión sin una votación a favor de una u otra solución -que en estos momentos habría generado una oleada de enfrentamientos y, sin duda, una marcha atrás en el proceso-, es en sí mismo un avance notable de cara a la correcta solución del problema, ante el que no cabe otra cosa que felicitar a la Ponencia y a la propia Comisión. De esta forma hemos conseguido darnos un tiempo adicional de reflexión y maduración que todavía es necesario para la comprensión de la dimensión holística del problema, la asimilación de posturas, razones y principios que de alguna manera suponen la ruptura de unas inercias hidrológicas culturales, ante las que siempre hay unas lógicas resistencias.

 

Dicho esto, nuestra labor en esta Comisión es resaltar las razones del NO al deterioro que entendemos supondría para el escenario del conflicto la construcción de un gran embalse en el Gállego, incluido el de 35 hm3, que para nada es inocuo, dado que su consecuencia inmediata sería la inevitable hipoteca sobre una vocación clara y unas expectativas de desarrollo económico respetuoso, de asentamiento y crecimiento poblacional, que hoy tiene la Comarca, que han ido surgiendo a lo largo de estos años como un milagro, en un territorio singular de la historia de Aragón, que se veía a si mismo morir.

 

Así pues, con todo el respeto, queremos expresar:

 

1. Nuestro rechazo a cualquier embalse y obra de almacenamiento y retención de agua en el tramo del Gállego comprendido entre la presa de Ardisa y la presa de La Peña, con independencia de su tamaño, que consideramos innecesarios.

 

2. Que estamos ante un tramo del río que tiene ya un claro destino social: ser lo que en estos momentos es; un lugar de extraordinario valor lúdico basado precisamente en su oferta de aguas bravas, generador de felicidades y de economías muy relevantes, de ilusiones colectivas, que en sí mismo representa ejemplo de modelo de desarrollo respetuoso y sostenible; una loable expresión de la nueva cultura del agua.

 

3. Que el hecho de que haya gentes en la zona dispuestas a aceptar la implantación de un gran embalse en razón de unos beneficios personales esperados como compensación a los supuestos perjuicios causados, y gentes que sólo ven la oportunidad legítima de vender unas tierras que de otra forma no tendrían mercado, no son argumentos morales de peso frente a la naturaleza, la magnitud, los simbolismo y la trascendencia de los valores en juego en un conflicto, que es un ejemplo de confrontación entre intereses particulares y valores colectivos; es decir, de posturas que por su propia naturaleza no tienen igual nivel de legitimación.

 

4. Que es precisamente desde el estudio de las múltiples caras de este conflicto (hidrológicas, económicas, culturales, humanas, lúdicas, patrimoniales,…) cuando un día nos inspiramos para lanzar la expresión, hoy mundialmente utilizada, de una Nueva Cultura del Agua, que no es sino un movimiento de regeneración hidrológica planteado a escala planetaria desde una nueva filosofía del agua que evite el holocausto hidrológico al que estamos abocados. Fue en Ayerbe donde el Día Mundial del Medio Ambiente de 1997 presentamos un libro con el contenido doctrinal de esa nueva hidrología.

 

5. Que nuestra posturas ante el conflicto están hoy abaladas por el testimonio de varias decenas de equipos de universidades españolas, europeas y americanas a los que hemos tenido ocasión de acompañar, para analizar con ellos la naturaleza integral del problema y del conflicto, percibiéndolo desde la proximidad del territorio y de sus gentes, … y desde la vivencia del río.

 

6. Que habiendo tenido oportunidad de llevar a la zona a eminentes intelectuales, a gentes de la ecología científica, a personas galardonadas con premios internacionales de medio ambiente y a relevantes políticos, podemos afirmar que su opinión unánime es que el destino del tramo de río Gallego que nos ocupa y del espacio que preside, es ser precisamente lo que ahora es. En esos términos precisos se expresó en su día doña Loyola de Palacio tras una interesante vivencia en la zona, en un loable intento de acercarse a la complejidad del problema. “Estas aguas donde mejor están ahora, es donde están, siendo río, generando todo lo que yo he visto y sentido estos días. Lo digo yo, que he sido ministra de Agricultura”.

 

7. Que en ese mismo sentido se expresó en su día un grupo de expertos latinoamericanos de catorce países diferentes que tuvieron la deferencia de visitar pausadamente la zona, y trasmitirnos después sus impresiones en una emotiva carta, que adjuntamos, publicada en su día en el libro “Los espejos del agua”[1].

 

8. Que cualquier especialista en paisaje, cualquier botánico, geomorfólogo, geógrafo o zoólogo, sabe del singular valor de este espacio, empezando por el llorado Félix Rodríguez de la Fuente, que instaló aquí un singular observatorio de la vida de los buitres. Así lo confirma cada año la asistencia de universidades españolas y francesas que vienen con sus alumnos a hacer diversas prácticas de campo de geología, geomorfología, botánica, etc. Cualquier historiador es consciente del valor de esta comarca tiene en el sentimiento de identidad aragonesa. Así lo prueba el hecho de que durante muchos años la estampa de la Galliguera, presidida por la grandiosidad de los mallos de Agüero y Riglos, fuera la carta de ajuste de los telediarios regionales.

 

9. Que el río, el paisaje y los elementos culturales de la comarca afectada constituyen una unidad indivisible de elementos estéticos, emocionales y culturales, que en estos tiempos de destrucción y desarraigo debe ser considerado un patrimonio de Aragón a preservar; de un Aragón desgraciadamente inmerso en un grave proceso de despersonalización y despatrimonialización de su territorio que vienen soportando con alarmante indolencia.

 

10. Que la gran singularidad añadida a toda esta realidad social, es la oferta lúdica de aguas bravas del río en su estado actual, que ha desencadenado no sólo una economía comarcal muy relevante, sino todo un mundo de ilusiones colectivas de futuro y un orgullo, que han convertido a la zona en un foco de atracción para una juventud dinámica y culta, que desde hace unos años ha empezado a asentar en ella su vida y su futuro. El espacio afectado por los proyectos de regulación genera hoy la atracción de más de 50.000 servicios de bajadas que pasan por las empresas del sector. Se estima que cada euro que queda en esas empresas son tres o cuatro euros más que se mueven en el conjunto de la comarca, que de una manera u otra dejan en ella los visitantes.

 

11. Que el auténtico “polígono turístico” que se ha generado al día de hoy en esta comarca, centrado en el valor lúdico del río y que es motivo de orgullo para Aragón y que supone una importante oferta de calidad de vida, ha sido conseguido sin el menor apoyo de la Administración, sin la menor inversión pública en infraestructuras básicas de acceso o acondicionamiento. Cualquier promoción oficial de la actividad y de la comarca que divulgara este sentido, supondría multiplicar de forma inmediata por tres la afluencia de gente. No estamos ante un planteamiento hipotético de un posible futuro, ante ninguna fantasía, sino ante una auténtica realidad; un claro ejemplo de ese “Aragón, agua y futuro”. Al tratarse de un autentico patrimonio colectivo no sólo de Aragón, sino de todo el país, el que esta en juego, entendemos que el colectivo de afectados por su destrucción, somos todos, incluidas las generaciones venideras

 

 12. Que cualquier inundación que subiera la lamina de agua en el cauce por arriba de la ubicación del actual puente de Santa Eulalia, supondría la ruina de todo ese potencial de bienestar, de ilusiones y de economía, en nada compensable con las vagas alternativas propuestas de un embalse de cola ni de rescatar el tramo comprendido entre la presa de La Peña y la central de Carcavilla.

 

13. Que, en otro orden de cosas, hay que destacar que el río Gállego es uno de los ríos más disfuncionados y regulados de Aragón y de la cuenca del Ebro; que ha pagado con creces su parte alícuota al progreso, que no necesita de ningún incremento adicional de su capacidad de regulación, sino de protección y defensa. Es un ríos que sufre ya los efectos de una gran disfunción, que en su curso bajo se ha traducido en un conjunto de impactos hidrogeomorfológicos y ecológicos graves, que han deteriorado de forma alarmante ese buen estado ecológico que nos exige la DMA, entre otras razones por la ausencia de las crecidas e inundaciones ordinarias, hoy prácticamente desaparecidas, que han hecho del Gallego un río casi muerto, un cadáver hidrológico. Los proyectos de regadío que todavía se ciernen en base a nuevas explotaciones del río que recogen algunas de las propuestas presentadas, serían la puntilla a esa situación agónica.

 

14. Que la justificación de un nuevo embalse como medio para “frenar las avenidas del Gállego” no es sostenible, porque, de hecho, desde que existe la red de embalses, incluido el de La Sotonera, las avenidas catastróficas ya no se producen, incluso no llegan a afectar a la llanura de inundación, ya que la dinámica del río ha quedado de hecho constreñida a su propio cauce.

 

15. Que la justificación de un nuevo embalse esgrimida ahora con la pretensión de laminar avenidas, nos parece un golpe de oportunismo social, un deseo de justificar ante los ciudadanos una obra desde un falso alarmismo, ante el que se sabe que la opinión pública es fácilmente motivable. En cualquier caso, tenemos que decir que una justificación así debería ir acompañada de un diagnóstico previo sólido de la situación, que como mínimo incluyera un inventario de las avenidas históricas registradas, de la cartografía de los espacios inundados, y de los daños ocasionados desde que han sido construidos los grande embalses de la cuenca,… no sea que cuesten más las cintas que el manto. En cualquier caso toda actividad y ocupación del terreno asentada sobre la zona potencialmente inundable es un riesgo que no se puede evitar ni con una razonable implantación de una red de embalses, sino desde una ordenación del uso de ese territorio. La experiencia así ampliamente lo confirma. Una lucha contra las avenidas requeriría una delimitación previa del dominio público hidráulico y del espacio potencialmente inundable, de la magnitud y procedencia espacial de los caudales responsables de esas inundaciones, de un mínimo inventario de actividades ubicadas en esos dominios, y de su situación legal.

 

16. Que dicho lo anterior, cualquier medida debería pasar antes por la alternativa de aplicar la ley y la reordenación de las actividades ubicadas en lo espacios potencialmente inundables, acompañada en su caso de las pertinentes medidas de defensa, estrategias de seguros, etc.

 

17. Que hay en la cuenca del Gállego infraestructura hidráulica suficiente y de normativa legal suficiente, como para hacer frente de forma razonable a los problemas de unas supuestas inundaciones.

 

18. Que la experiencia muestra de forma reiterada que las pretendidas justificaciones de los embalses con fines de laminación de avenidas, suelen ser pronto olvidadas, de forma que acaban siendo piezas supeditadas al incremento de los recursos disponibles, sea para generar electricidad y/o para ampliar las dotaciones de regadío.

 

19. Que nos sorprende el hecho de que entre las “propuestas complementarias” o compensatorias no figure ninguna en relación con la restauración o renaturalización del río, que un día no muy lejano fue hermoso hasta las mismas puertas de Zaragoza.

 

20. Que nuestra propuesta es la del máximo respeto al río, al entorno y a las personas afectadas, evitando toda obra hidráulica que pueda mermar su enorme potencial de valores, simbolismo, ilusiones, derechos legítimos y sentimientos de sus habitantes. Está fundamentada en la evidencia de que, en el peor de los casos, tal como muestra la documentación generada en el estudio del problema, existen numerosas y evidentes soluciones a las aspiraciones de los regantes que reclaman nuevas aguas del Gállego fuera de la propia cuenca, así como al pretendido problema de las inundaciones; son soluciones que no pasan por la construcción de ningún gran embalse en la zona. La simple integración del potencial de aguas subterráneas del bajo Gallego es en sí misma herramienta muy poderosa, que en ese sentido puede llegar a dar mucho juego

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 21. Que, en cualquier caso, queremos manifestar que apoyamos la propuesta de que si fuera obligada la detracción de aguas del Gallego para atender las demandas de los regantes -realidad difícil de justificar con argumentos de sostenibilidad económica social y medioambiental-, su almacenamiento debería hacerse en el propio territorio de quien demanda esas aguas. Sin entrar a valorar la justificación de la necesidad social de esos caudales esa solución sería, sin duda, la más ecuánime, la humanamente más justa y respetuosa con el amplio abanico de ciudadanos afectados. Un elemental análisis cálculo coste/beneficio mostraría, sin embargo, la irracionalidad económica de un proyecto así, que pretendería desvestir un santo para vestir otro; destruiría un evidente potencial económico no hipotético sino real, que no ha exigido ni exigirá inversiones públicas relevantes. Todo ello para favorecer un proyecto cuyo futuro es más que dudoso, que de entrada exige cuantiosas inversiones, sin unos beneficiarios concretos cuya posición social podamos valorar.

 

22. Que esperamos que la Consejería de Medio Ambiente y el Ministerio de Medio Ambiente sepan hacer honor a su nombre, que las supone instituciones creadas para la salvaguarda de los valores ligados al medioambiente.

 

23. Que hemos expresado muchas veces la paradoja de que si la gente afectada ahora por la degradación de su espacio en la Galliguera y por la ruina de sus legitimas aspiraciones de futuro, en vez de ser gente autóctona del territorio, fuesen emigrantes de segunda generación, el proyecto ni siquiera sería planteado, pues tanto el gobierno autónomo como el central correrían el riesgo de ser inmediatamente acusados de xenófobos.

 

24. Que, finalmente, queremos manifestar que no existe en nuestra opinión razón objetiva de necesidad de nadie que pueda justificar la destrucción de un espacio y unos valores como los que los proyectos de regulación propuestos ocasionarían, ni con los daños morales y quiebras morales que habrían de infringir a las personas afectadas, en especial a las que viven en el territorio y desean continuar en él. Si no implantamos una ética en nuestras conductas y aspiraciones, corremos el riesgo de hacer de la convivencia una verdadera jungla humana, es decir, una convivencia regida por la ley del más fuerte.

 

25. Que nuestra postura está planteada desde el firme convencimiento, avalado en este caso por nuestro saber profesional, de que existen soluciones alternativas a los problemas razonablemente planteados que no exigen la construcción de una nueva presa en el río Gallego, y menos en la Galliguera.

 

 

 

Francisco Javier MARTÍNEZ GIL y Alfredo OLLERO OJEDA.



[1] MARTINEZ GIL, F.J. (2003): “Los espejos del agua”. Ediciones del Genal págs 66 y 67. Málaga

Comisión del Agua | Jueves, 24 Agosto 2006 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!