Do you need a free psychic chat?

Check outthis pageLink

Voto particular de la Universidad de Zaragoza al PIHA en la Comisión del Agua

 

 

 

EXPLICACIÓN DEL VOTO PARTICULAR NEGATIVO AL PUNTO 3 DEL ORDEN DEL DÍA DE LA REUNIÓN DEL PLENO DE LA COMISIÓN DEL AGUA EN RELACIÓN CON EL PLAN DE INFRAESTRUCTURAS HIDRÁULICAS DE ARAGÓN

QUE HACEN LOS ABAJO FIRMANTES EN CALIDAD DE REPRESENTANTES DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA EN DICHA COMISIÓN 

UN AGRADECIMIENTO PREVIO

 

Es deber elemental de cortesía comenzar la explicación de este voto particular expresando nuestro agradecimiento a quienes en su día asumieron la ingente y nada fácil tarea de recoger los grandes problemas del agua en nuestra Comunidad, tratando de poner de acuerdo a las partes implicadas en los diferentes conflictos sociales que este tipo de problemas suelen conllevar, comprometiéndose a redactar un documento final que, a modo de propuesta fuese un proyecto de Plan de Infraestructuras Hidráulicas para Aragón (PIHA), sometido hoy a nuestra consideración. Es de agradecer el tono de respeto habido en todas las reuniones de trabajo

 

Es igualmente obligado reconocer lo mucho que se ha avanzado en el conocimiento de las diferentes formas de percibir los problemas del agua por cada uno de los colectivos representados en la Comisión. Ese avance ha sido posible gracias a un largo proceso de dialogo, a todas luces enriquecedor. Gracias a ese proceso sabemos hoy mejor que antes cuál es la verdadera dimensión de cada conflicto, cuáles las alternativas y propuestas, cuáles las aspiraciones de cada colectivo, y bajo qué argumentos sociales, económicos, medioambientales y éticos se sustentan, en una compleja realidad en la que, por su propia naturaleza, se mezclan intereses frente a valores, aspiraciones legítimas frente a derechos, intereses minoritarios organizados frente a intereses colectivos no organizados.

 

Pese a todo, no cabe duda de que el conjunto de documentos que conforman este PIHA , constituye un valioso cuerpo de información de gran utilidad para quien, en su día, tenga la responsabilidad última de tomar las pertinentes decisiones.

 

 

UNAS BASES ÉTICAS AUSENTES

 

 Dicho lo anterior, manifestamos nuestro voto negativo al referido Plan de Infraestructuras Hidráulicas de Aragón por entender que un plan de obras no puede ser en sí mismo un fin, sino un medio para la consecución de unos objetivos previamente definidos sobre las bases de unos principios sociales, económicos, medioambientales, culturales, humanos y éticos, que al día de hoy no han sido aún definidos, que harían que los conflictos fuesen menores y de otra naturaleza.

 

La tecnología hidráulica desarrollada en las últimas en materia de construcción obras de almacenamiento y conducción, ha permitido el afloramiento de unas apetencias ilimitadas por el agua, en especial cuando esas obras son ejecutadas con cargo al Estado, que ha hecho surgir una auténtica obsesión por el derecho al reparto del agua entre los sectores interesados en su beneficio y explotación, generando apetencias que no tienen límite de satisfacción posible si no es desde unos principios éticos y desde una racionalidad económica y medioambiental

 

A escala estatal, esa realidad es precisamente la que mantiene la disputa interminable de los trasvases de unas cuencas a otras; que a escala de Aragón es la causa del viejo enfrentamiento entre regantes e hidroeléctricos por un lado, y las gentes de los territorios desposeídos y afectados por otra.

 

Esa apetencia insaciable por el agua no tendrá límite de satisfacción posible si no es desde el respeto a una serie de derechos de las personas y de los territorios, desde el reconocimiento de que en cada territorio existen una serie de valores naturales que no deben ser destruidos, no sólo ecosistémicos, tal y como reconoce y obliga la Directiva Marco, sino también estéticos y emocionales, que forman parte de la propia identidad de los territorios y de la vinculación de las personas con ellos. En este sentido la Nueva Cultura del Agua va todavía más lejos que la Directiva Marco al incluir el derecho a la preservación de esos valores

 

Por otra parte no debemos olvidar a la hora de trazar un PIHA que la Directiva Marco del Agua hace preceptivo que el análisis de los problemas y alternativas propuestas sea contemplado siempre desde la unidad demarcación hidrológica, como una unidad funcional, que incluye la cuenca hidrográfica es decir la zona litoral afectada por la llegada de aguas dulces al mar.

 

En todo conflicto hay, por definición, unos actores sociales; la solución no implica la necesidad de llegar a arreglos entre las partes en los que cada una de ellas deba ceder en sus aspiraciones en beneficio de las otras, dado que los intereses en juego no siempre están igualmente legitimados. Hay conflictos en lo que una de las partes es el “invasor” y la otra el “invadido”. Hay intereses que por su propia naturaleza no pueden generar derechos, ni obligar a la parte afectada a ceder en sus posturas en aras de una solución intermedia en la que no haya vencedores ni vencidos.

 

Ocurre también que en los conflictos del agua siempre hay grandes intereses sociales que, pese a ser mayoritarios, no están organizados y, por tanto, reconocidos sus actores a la hora de buscar o pactar las soluciones justas. ¿Quién defiende, por ejemplo, a las decenas de miles de usuarios lúdicos de las aguas bravas de un tramo de río amenazado de destrucción, como pueda ser el caso de proyecto de embalse de Biscarrués? ¿Quién defiende los derechos de las generaciones venideras si no son reconocidas como actoras de los conflictos?

 

En muchos de los conflictos del agua, como en todos los conflictos medioambientales, es frecuente el enfrentamiento entre intereses materiales y valores trascendentes, de forma que estamos obligados a reconocer que hay derechos que por su propia naturaleza no son votables, frente a los cuales no es válida la razón de la mayoría. La grandeza de la democracia está, precisamente, en la garantía de esos derechos. En ese sentido, la decisión de no inundar un pueblo no puede ser considerada como un gesto de generosidad o una cesión en los derechos legítimos de ninguna de las partes, porque estamos ante un derecho consustancial del ser humano.

 

Ocurre también que hay personas y sectores importantes de la sociedad que todavía permanecen anclados un mundo de inercias culturales y en el disfrute de unos privilegios adquiridos, hoy obsoletos e injustos; son sectores que no llegan a entender que los ríos no son sólo un bien natural a explotar, sino que allí donde están cumplen unas funciones de naturaleza y de vida, formando parte de un orden natural, que no es prudente, sabio ni moral transgredir más allá de un determinado nivel; un nivel que en la mayoría de los ríos aragoneses hemos sobrepasado ampliamente.

 

La toma de conciencia de la gravedad de esa trasgresión es, precisamente, la razón que inspira la filosofía hidrológica de un documento de la envergadura de la Directiva Marco del Agua, a aplicar a escala de todo continente, pues de otro modo estaríamos abocados al holocausto hidrológico total de Europa.

 

Si difícil es para muchos sectores sociales aceptar que los ríos cumplen esas funciones de naturaleza que deben ser respetadas dentro de unos límites, resulta casi imposible que acepten y entiendan que los ríos son también sentimientos, patrimonios de naturaleza, de historia y memoria de los pueblos ribereños; que forman parte de un potencial de emociones lúdicas, de belleza, y de espiritualidad. No llegan a entender que los ríos son elementos consustanciales de los territorios, de forma que su destrucción no es sólo una cuestión física; es también una auténtica amputación espiritual. La pérdida del poder evocador de un río es la destrucción de un sentimiento de arraigo, al que todo ser humano tiene derecho.

 

En este sentido, el PIHA sometido a la consideración de los miembros de la Comisión del Agua no recoge ninguna reflexión; la filosofía sutil que lo inspira sigue siendo la del aprovechamiento y el reparto del agua en beneficio de unos sectores productivos determinados, sectores que de hecho son ya los auténticos dueños de los ríos que discurren por la Comunidad.

 

Hay ríos, cabeceras o tramos -hoy auténticos restos de un naufragio hidrológico general-, cuyo destino no debería ser hoy ya otro que el de continuar siendo ríos; es decir, un legado al que tienen derecho las generaciones presentes y venideras: son ríos que en sí mismos representan valores de belleza, patrimonios de memoria, de historia e identidad del territorio aragonés, que no pueden ser destruidos ni mermados, ni pueden objeto de mercado. En este sentido el PIHA no recoge ninguna reflexión ni compromiso concreto alguno; es como si la explotación del agua en aras de un pretendido interés general y de unos viejos derechos históricos en buena obsoletos, lo legitimara todo.

 

Hay que recordar que no es función de la Comisión del Agua tomar decisiones, ni aprobar por mayoría alguna ninguna propuesta, sino simplemente constatarlas y emitir los juicios pertinentes ante quienes en su momento tengan que tomar las decisiones oportunas; su naturaleza es simplemente consultiva, de forma que ninguna postura puede ser legítimamente anulada ni impuesta por una simple razón de mayoría de votos.

 

En resumen, lo que queremos decir es que antes de elaborar ningún plan hidrológico, y por supuesto mucho antes de elaborar un simple plan de obras hidráulicas, estamos obligados establecer unos principios rectores, una ética hidrológica, una especie de reglas morales del juego que descarten determinadas aspiraciones, determinados intereses y, en definitiva, la posibilidad de determinado tipo de conflictos.

 

Una vez establecidas esas reglas es cuando procede pasar a definir los problemas, siempre desde un ineludible proceso de participación social. En la definición de los problemas es obligado el rigor científico /técnico sea hidrológico, económico, o medioambiental, expresado a través de una mínima situación de consenso entre los expertos, más allá de los intereses y visiones parciales de las partes. Los problemas, así definidos, deben ser luego tipificados por su relevancia y su urgencia. Hay problemas sobre los que es posible el consenso inmediato, cuya solución no debería ser demorada, y problemas que requerirán más debate y maduración.

 

Es aquí, en esta fase del proceso planificador, cuando se puede proceder al análisis de alternativas, que deberán ser preceptivamente elásticas; es decir, deben contemplar la reversibilidad, de modo que no acaben siendo hipotecas vitalicias sobre los territorios afectados ni derechos eternos una vez que hayan pasado las circunstancias que obligaron a adoptarlas. Es justamente en este momento del proceso planificador cuando tiene sentido hablar de un plan de infraestructuras hidráulicas, y no antes.

Comisión del Agua | Jueves, 24 Agosto 2006 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!