Las banderas rotas de Labordeta

José Antonio cantaba “He puesto sobre mi mesa todas las banderas rotas. Las que nos rompió la vida, la lluvia y la ventolera de nuestra dura derrota”. Muchas noches de trabajo en el ayuntamiento, esta música me acompaña.

Desde su muerte, la oigo con otro sentido. Yo no luche en la transición, era una niña, y parece que con la llegada de la democracia la lucha ha acabado.

Sin embargo, hoy no faltan banderas por las que luchar: por cada una de nuestras familias, amigos, vecinos, por la vida compartida desde el cariño y la cercanía, pese a la falta de tiempo en los pueblos, en los barrios.

Cada día está más rota la del trabajo, con la que está cayendo, y más seca la de los ríos vivos unidos al destino de los pueblos de sus orillas, como Murillo o Biscarrués.

A ésta la sigue rompiendo cada día la ventolera de las viejas promesas políticas, sin embargo tras cada amenaza, seguimos levantando la esperanza de continuar viviendo en esta tierra pensando que un día la justicia crecerá.

Ese es el espíritu, que yo, heredo de José Antonio. Nuestras gentes al partir no solo nos dejan casas, si no la fuerza para mantenerlas en pie y defenderlas con dignidad.

Ahora ya eres viento, y en este caso, viento de libertad. Sopla y levanta nuestra bandera hecha de jirones, de tantas y tantas batallas perdidas, y solo una ganada, la de la esperanza, y el futuro que nos llevará a la victoria.

Lola Giménez

Artículos de opinión | Martes, 12 Octubre 2010 | Coagret

DIEZ AÑOS CON EL AGUA A CUESTAS

Han transcurrido ya diez años desde aquel 8 de octubre en que Zaragoza dio el banderazo de salida a las manifestaciones que la lucha contra un Plan Hidrológico Nacional excedentario de testosterona y deficitario en democracia, llevaría también a Madrid, Barcelona, Bruselas, Valencia –y sólo cito las movilizaciones más divulgadas- para expresar en una riada de pancartas la necesidad de conservar los ríos en armonía con la madre naturaleza.

Una década después, con otro partido político en la Moncloa, cabe preguntarse qué hemos avanzado, qué relación mantenemos con nuestros ríos, qué esperamos de ellos, cuánto hemos aprendido. En suma, qué ha cambiado desde aquel 2000 hasta ahora. Personalmente, aun esforzándome por mirar el contenido de mi media botella, creo que se ha ganado más en las formas que en el fondo, lo cual me parece peligroso, pues el espejismo de tranquilidad de no escuchar ni leer el descaro de la palabra trasvase, es una cortina que oculta –sutil, pero efectivamente- las problemáticas que continúan manteniendo en pie de guerra a los afectados por grandes embalses –realizados o proyectados- y sigue hurtando a la sociedad realidades económicas, emocionales y culturales inherentes a los ríos.

Vamos con el agua a cuestas, unos contra otros, los que son más contra los que son menos. Seguimos despilfarrando esfuerzo humano, con nuevas generaciones –los unos- que oyen el mismo discurso de la sed y también con nuevas generaciones –los otros- que nacen con el alma encallecida de saberse diana de la flecha donde se insiste en crear o aumentar bienestar para quienes siempre han estado en el platillo de los derechos.

¿Cuándo llegará el momento en que el agua no nos impida ver los ríos?

Mª. Victoria Trigo Bello

Escritora y activista en defensa de la naturaleza

Artículos de opinión | Viernes, 08 Octubre 2010 | Coagret

No será rentable, pero suma votos

EL PAÍS

(24/08/2010)

En el recrecimiento de Yesa (Navarra) se llevan gastados casi 100 millones de euros y todavía quedan por gastar, al menos, otros 200 millones más.

Es un proyecto que hace tiempo debería haber pasado a la historia como material lectivo de lo que nunca se debe hacer: unas laderas que no dejan de pedir hormigón para mantenerse en pie, una falla geológica bajo la presa que, no sabemos cuándo, se moverá provocando un desastre, la destrucción de varios kilómetros del Camino de Santiago y un gran problema social, económico y medioambiental. Es lo que nos van a dejar estos 300 millones de desinversión.

Económicamente no está demostrado que vaya a ser rentable, pero lo que sí que saben sus valedores es que suma votos para mantenerse en el poder.

Alberto Anaya (Artieda)

Artículos de opinión | Viernes, 03 Septiembre 2010 | Coagret

LA HIDRA DE YESA

De nuevo el recrecimiento de Yesa ocupa espacio en los medios de comunicación, gracias a la aprobación de la declaración de impacto medio ambiental que supone un gran aval para los partidarios de dicha obra. De nuevo la hidra de este proyecto saca una de sus cabezas para agitar las aguas y alterar al personal de uno y otro frente. A unos les refuerza esperanzas en ver cumplidos sus sueños y exigencias de disponer de más agua para su desarrollo. A otros les clava un poco más la puya de que es inútil oponerse a lo que parece un designio ineluctable.

Me pregunto cómo es posible que, si los defensores de aumentar la cota de Yesa están tan seguros de sus razones y se creen con tanto derecho a beneficiarse del mismo, no promuevan debates en igualdad de circunstancias con los detractores de este recrecimiento. Sería una gran oportunidad para que los primeros dejaran definitivamente fuera de combate a esos a los que Javier Lambán quiere declarar personas non gratas. También sería un debate esclarecedor para que la sociedad supiéramos qué hay de verdad en esas fallas del terreno cuya existencia, con o sin declaración de impacto ambiental favorable, ya ha reconocido hasta la misma Confederación Hidrográfica del Ebro que tanto se afana en maquillar de refuerzos y normalidad las laderas. En un clima de imparcialidad informativa podríamos saber cuánto futuro en precario se está edificando en zonas expectantes de más agua y también cuántos esfuerzos está costando la lucha contra este recrecimiento a quienes, con la incombustible Asociación Río Aragón al frente de la pugna, llevan años en una contienda heredada que seguro que preferirían que no transcendiera a nuevas generaciones.

La hidra de Yesa, auspiciada por la cerrilidad de que nada cambie –porque en realidad, nada ha cambiado salvo que la llegada del PSOE al poder haya secuestrado la movilización social- vuelve a sacar una de sus múltiples cabezas. Y todo será sostenible, todo será oficialmente factible hasta que la naturaleza se rebele. Y ahí sí que no valdrán discursos populacheros ni cuentas cuadradas a taconazos. Ahí sí que no cabrá recurrir a sinergias ni medias tintas de foros en torno al agua como se hizo para calzar el zapatito de cristal en la pezuña de la Expo 2008. Ahí sólo se podrá salir corriendo en Yesa, en Sangüesa antes de ser atrapado por una hidra que, antes de que esto suceda, habrá devorado las posibilidades de Artieda y la canal de Berdún, ya bien mermadas por el actual pantano. Por eso, si se lleva a cabo el recrecimiento, hará bien Apudepa en solicitar a las asociaciones de Amigos del Camino de Santiago que pidan a la Unesco la descatalogación de esta vía como Patrimonio de la Humanidad, pues será lo más coherente.

La sociedad merece saber más allá de lo que cuentan los grandes titulares o dicen los políticos, más atentos a su partido y al rédito electoral que a comprender la diversidad de los territorios. Por eso yo, ciudadana responsable y contribuyente en esos fondos que deberían servir para fines más solventes que olimpiadas, cruceros fluviales ante el Pilar y muestras de floricultura –por citar sólo algunos disparates-, exijo saber quiénes son los auténticos beneficiarios del recrecimiento de Yesa y cuáles son los riesgos que esto comporta. Y quiero saberlo antes de que la hidra de un nuevo Ribadelago reviente sobre nuestras conciencias, que bastante calvario tenemos en la cuenca del Ebro con los interrogantes de Itoiz y la tristeza de un delta en recesión.

Mª. Victoria Trigo Bello

Artículos de opinión | Domingo, 22 Agosto 2010 | Coagret

Aragón, a la búsqueda (inútil) del tiempo perdido

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(22/08/2010)

Hoy salen los vecinos de Artieda a protestar contra el recrecimiento de Yesa. Básicamente, la modificación del proyecto para elevar la cota del pantano sólo a un nivel intermedio no ha servido de gran cosa. Los que se oponen se siguen oponiendo. Y tienen sus razones porque los embalses son infraestructuras que siempre producen víctimas entre quienes ven anegadas sus tierras, sus casas, su vida. ¿Que las presas son necesarias? Puede que sí o puede que no. Habría que averiguarlo, porque hoy en día ni el regadío es lo que era ni las intervenciones hidráulicas gozan del predicamento que tuvieron.

¿Merece la pena recrecer Yesa desoyendo cualquier otra consideración (impactos sociales, culturales y medioambientales, riesgos por la inestabilidad del terreno, enormes costes, etcétera)? No lo creo. Hace cincuenta años podían existir argumentos de peso a favor de esa obra y de otras similares (que de hecho han convertido la cuenca del Ebro en una de las más reguladas del mundo), pero actualmente la situación ha cambiado debido a múltiples factores: desde los avances tecnológicos en la agricultura de regadío hasta las nuevas sensibilidades a la hora de evaluar los efectos que causan las macrointervenciones humanas en los ríos.

Me temo que recrecer Yesa es uno de esos tópicos que integra desde hace decenios nuestro argumentario político. Se ha hablado tanto de esa obra, ha sido tan anunciada, prometida, comentada y usada como arma arrojadiza en las contiendas entre partidos, que ahora pende sobre nosotros como una más de las frustraciones del pasado que nos empeñamos en superar para recuperar así el tiempo perdido. Sobre la actual capacidad de Yesa para afrontar los usos que se da al agua que almacena se ha oído de todo. Según cierto presidente de la Confederación Hidrográfica, podían atenderse las necesidades de los regantes y el suministro a Zaragoza sin necesidad de tocar el embalse. Otros técnicos han llamado a sustituir el conflictivo recrecimiento por nuevas regulaciones aguas abajo en paralelo a los propios regadíos. Luego está lo de la inestabilidad de las laderas donde se quiere asentar la nueva presa. Demasiadas incógnitas y contradicciones.

En los años sesenta y setenta del siglo pasado se hacían muchas cosas (en el resto de Europa, también) que ya no tienen cabida en los programas sociopolíticos de hoy. Aragón se quedó entonces sin lograr algunas de sus más sobadas aspiraciones (pantanos, vías de comunicación de alta capacidad, actuaciones urbanísticas) y ahora todavía existe un obstuso empeño en conseguir aquello aunque no tenga ya demasiado sentido. Deberíamos estar reclamando otras cosas, pero la inercia puede más que la inteligencia. Así estamos, siempre en lo mismo: mucho conflicto y pocas satisfacciones.

JOSÉ LUÍS TRASOBARES

Artículos de opinión | Domingo, 22 Agosto 2010 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!