Necrológica Emilio Garcés

24/09/2011

(HERALDO DE ARAGÓN)

La tarde del 5 de marzo de 1988 fue una tarde de lágrimas y emociones. Francisca y Emilio recibieron el homenaje y reconocimiento de los otros montañeses afectados por los embalses en el Pirineo. En el salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca, la Coape (Coordinadora Aragonesa de Pueblos Afectados por Embalses), les ofreció la primera muestra de agradecimiento público por su lucha y entrega en defensa de su pueblo y en pos de un mínimo de justicia social. Labordeta les dijo: «Vosotros, Francisca y Emilio, sois unos de los pocos recuerdos dignos que, a este viejo reino ya agotado, le queda como espejo para levantar la vista con dignidad y decir que todavía no está todo perdido».

El arraigo. La fuerza del arraigo a un territorio, a un río, a un pueblo. Sobre ese sentir primario, atávico, profundo, se puso en marcha en Aragón la larga trayectoria por la defensa de los ríos y los valles frente a la amenaza de los embalses. Francisca y Emilio eran el referente, el icono que tomaba la recién nacida Coape para orientar su tarea. A lo largo de los años la fuerza del arraigo y el compromiso con la tierra se ha ido enriqueciendo con la racionalidad económica, social, ambiental y con la valiosa dimensión emocional de la Naturaleza. Pero probablemente lo que más haya calado en las entrañas de la sociedad aragonesa, de los políticos y los medios con una visión esencialmente productivista de los ríos, haya sido la determinación de unas gentes para vivir allí donde ellos y sus antepasados han vivido desde hace siglos. Aquella campaña de Coagret en los años 90 «Por la dignidad de la Montaña», inspirada en la actitud vital de gentes como Emilio y Francisca fue transformadora de verdad. De conciencias. Y por una vez de políticas, pues el gobierno de Aragón renunció a inundar pueblos, modificando ligeramente el modelo decimonónico «represamiento de ríos +regadíos=futuro de Aragón».

Emilio y Francisca, con las gentes de la Asociación Río Ara, nos regalaron a los aragoneses un valle. Lo salvaron de la inundación. Ojalá que la sociedad tuviera la grandeza de agradeceros vuestro regalo, que es un regalo de reyes, como los de aquellos señores que conseguían nuevas tierras para su reino. Y ojalá que el sentimiento de apego profundo a la tierra, a la Naturaleza que nos sustenta cada día, crezca con vuestro ejemplo. Un abrazo fuerte.

JOSÉ MANUEL NICOLAU IBARRA

Profesor de Ecología. Universidad de Zaragoza

Artículos de opinión | Sábado, 24 Septiembre 2011 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!