Hora de revisar la obsesión por los pantanos

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

(13/02/2011)

El pasado miércoles aludí en mi habitual artículo de Opinión, El Independiente, al problema de los nuevos pantanos y su creciente inutilidad. Tuve un lapsus: puse Santaliestra donde debía haber puesto Biscarrués, y eso supuso trabucar el Gállego con el Ésera. Pero la reflexión sobre los pantanos seguía siendo perfectamente válida. Los casos de Lechago y El Val han puesto de manifiesto que el coste de los embalses no puede ser asumido posteriormente por los regantes, y eso que éstos sabían dónde se metían y dijeron que sí, que vale, aunque ahora, con decenas de millones invertidos, dicen que no, que no pueden pagar el agua. ¡Ay, madre!

Detengámonos en los casos de Lechago y El Val. Y conste que la construcción de las respectivas presas no tuvo apenas oposición, pese a existir serias dudas respecto de la viabilidad de ambos embalses. En el caso de Lechago, se represaba un río, el Pancrudo, que no tiene agua para llenar el vaso por lo cual habrá que bombearla desde el Jiloca. Así se produce un nuevo gasto en energía superior al medio millón de euros anuales. ¿Cómo pueden ser rentables en estas condiciones las 6.000 hectáreas supuestamente beneficiadas por esta obra, cuyo coste ha superado los sesenta millones? El Val, a su vez, está infrautilizado. Se invirtieron en él noventa millones. ¿Para qué?

Aragón debe reflexionar sobre todo esto. El agua de calidad se ha convertido en un recurso medioambiental y económico esencial. Su utilización debe combinar ambos factores en programas de desarrollo sostenible. El centenario de la muerte de Costa debería servir para renovar el discurso hidrológico y asumir de una vez que no es posible regular nuestros ríos más allá de toda lógica ni pretender que sus caudales sean utilizados hasta la última gota sin dejarle a la naturaleza el mínimo indispensable.

El recrecimiento de Yesa va a costar otra fortuna porque al proyecto básico hay que sumar nuevas obras destinadas a reforzar los asientos de la presa en unas laderas inestables. Sin embargo tanto los regantes como sus terminales políticas (todos los partidos salvo CHA) están empeñados en ampliar al trasvase como sea. Por lo visto ya no se trata de un medio para mejorar la producción agrícola sino de un fin en sí mismo, una satisfacción orgánica, un asunto de honor.

Biscarrués va por el mismo camino. Parece no importar ni la tremenda regulación que ya soporta el Gállego (sí, esta vez no me confundo) ni el hecho de que el tramo del río que ahora se quiere alterar da lugar actualmente a una productiva actividad deportivo-turística. Y lo más sangrante es que en este caso, como en otros citados, había y hay alternativas; más baratas, más sencillas, menos agresivas y por lo tanto mucho más útiles y rentables. ¿Por qué no ponerlas sobre la mesa de una vez?

JOSÉ LUIS Trasobares

Artículos de opinión | Domingo, 13 Febrero 2011 | Coagret
COAGRET :: COordinadora de Afectados por GRandes Embalses y Trasvases Por una Nueva Cultura del Agua, No más pueblos bajo las aguas. RÍOS SIN PRESAS ¡PUEBLOS VIVOS!